Reforma Rural Integral y voluntad política local

Sergio Roldán Zuluaga*

Colombia posee una de las geografías más complejas del mundo. El porcentaje más alto de carga que entra y sale, lo hace a través del puerto de Buenaventura. Las tracto mulas que recogen la carga deben remontar tres cordilleras; la occidental que baja al valle del río Cauca; la central, mucho más ancha y más alta en La Línea, cae al valle de Los Lanceros en el Tolima; finalmente, ese camión remontará lentamente la cordillera oriental, quizá tres veces más ancha que la central, para llegar al mayor mercado que tiene Colombia, la Sabana de Bogotá a 2.600 metros más cerca de las estrellas. Si ese camión quisiera seguir a distribuir los productos al oriente, tendrá que volver a serpentear la escarpada carretera a Villavicencio, un reto que por décadas los colombianos vimos imposible.

Es probable que esta complejidad geográfica haga más costosos los productos; explica en parte el alto costo de la gasolina, comparado con los demás países de Suramérica. También puede explicar la ausencia de Estado en vastas zonas del territorio. Hasta hace apenas tres décadas, el presidente de la república nombraba a todos los gobernadores y estos a su vez nombraban a sus respectivos alcaldes. La hacienda pública se manejaba allá arriba en la sabana de Bogotá. Los gobernantes del centro bajaban a la Colombia de tierra caliente, al mundo rural, unas tres veces al año; a pedir cuentas, a dar órdenes, a llevar decretos y resoluciones. Aún tienen agencias regionales por donde “bajan” las resoluciones administrativas: en su tiempo a través de INCORA, después a través de un efímero y corrupto INCODER y hoy desde la Agencia Nacional de Tierras y otras agencias que apenas estrenan su nuevo nombre.

La historia nos cuenta que los cambios de nombre de las instituciones del nivel central no se tradujeron en su modernización; por el contrario, la brecha centralista, después de 1991 se fue ampliando cada vez más, al punto que en la Sabana de Bogotá se decide cómo y en qué se invierten las regalías que producen los territorios nacionales. Qué decir del ordenamiento territorial. Es difícil administrar bien una finca sin salir con frecuencia a recorrerla.

Los capataces, que en este símil son los alcaldes, se desentendieron tradicionalmente de su ruralidad. Por lo general, son funcionarios cuyas votaciones logran gracias a las contribuciones de los latifundistas, aún reconocidos como barones electorales. Este esquema puede explicar por qué en más del 70% de los municipios no existe un catastro. Qué va a interesarle a un terrateniente dueño de más de 80.000 hectáreas que su alcalde promueva en la Secretaría de Hacienda la conformación del catastro del territorio para comenzar a cobrar un impuesto predial. Razones políticas pueden explicar que los municipios hayan renunciado a su principal fuente de financiación; de ahí, en parte, la quiebra de la autonomía de las entidades territoriales.

En el Congreso de la República se comienza a discutir el Proyecto de Ley para impulsar catastros multipropósito, como parte de los Acuerdos firmados por el Estado con la guerrilla en el punto 1 denominado Reforma Rural Integral, un conjunto de medidas que después de tantos intentos por democratizar la tenencia de la tierra, tiene una nueva oportunidad, para que la tierra no sea una de las causas del conflicto armado. Pero conseguir esa ley no será nada fácil en el Congreso, porque tiene opositores poderosos en el mundo local, que son los que ponen los votos regionales que suman a la elección presidencial.

Por su geografía, Colombia tiene todos los pisos térmicos. Es el tercer país más biodiverso del mundo. Una potencia mundial de agua. Podría estar entre los cinco países del mundo proveedores de alimentos.

Si la visión acaparadora de la tierra, a través de dos vacas por hectárea lo permitiera, de manera pacífica, mediante una restitución correctiva, los campesinos bajarían de las montañas a las zonas planas, cercanas a las carreteras y los mercados. Creceríamos los puertos dulces para sacar nuestros productos exóticos a precios cinco veces más altos que en el mercado interno. Pronto el puerto de Cartagena sería más grande que el de Buenaventura. Esas montañas recuperarían sus bosques y responderíamos así a las catástrofes ambientales que como país montañoso sufriremos por cuenta del calentamiento global. Si los acaparadores de la tierra lo permitieran.

*Miembro del grupo de investigación en Derecho del Medio Ambiente


*Imagen tomada de: https://www.elheraldo.co/economia/el-agro-crece-la-mitad-del-promedio-de-la-economia-378063