La Amazonia: ecosistema transfronterizo que aclama un trabajo conjunto y articulado de 8 países

Juliana Hurtado Rassi*

La Región Amazonia con aproximadamente 7,4 millones de km2 representa el 4,9% del área continental mundial se encuentra conformado por algún porcentaje del territorio de Bolivia, Brasil, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam, Venezuela y Colombia.

Este ecosistema  considerado estratégico a nivel mundial por (1) la capacidad que tiene para regular el clima regional gracias a la gran cantidad de fuentes hídricas que ostenta, entre esas la mayor cuenca hidrográfica del mundo: la cuenca del río Amazonas que tiene una longitud aproximada de 6.600km, con un promedio de 230.000 m3 por segundo y que corresponde a cerca del 20% del agua dulce de la superficie terrestre mundial, (2) ser un bioma reconocido por proveer una serie de servicios ecosistémicos entre los que se pueden mencionar la remoción de contaminantes del aire, la conservación del hábitat de la fauna y la flora silvestre y  (3) ser considerado el principal reservorio global de carbono, entre otros (CEPAL y Patrimonio Natural, 2013).

Su condición de ecosistema transfronterizo, consecuencia de la dinámica de colonización europea en los siglos XVI y XIX, en donde cada uno de los ocho países tiene un porcentaje desigual que hace parte de la región Amazónica[1],  así como su característica de multiculturalidad y presencia de grupos indígenas en más o menos 1,4 millones de km2, y  las diferentes e innumerables características ambientales descritas anteriormente hacen que la conservación y protección de este lugar sea un reto no solo al interior de cada país, si no también a nivel mundial.

Esta necesidad de trabajo articulado y conjunto se encuentra de una u otra manera reflejado en la infinidad de tratados binacionales entre países amazónicos que han sido suscritos a lo largo de la historia. Vale la pena hacer mención por ejemplo del Acuerdo de Cooperación Amazónica entre los Gobiernos de Colombia y Ecuador en 1979, así como la posterior Declaración de Rumichaca en la que se confirma la intensión de ambos países de promover la cooperación e impulsar acciones en busca del desarrollo integrado de sus fronteras, buscando elaborar el Plan de Ordenamiento y Manejo de las Cuencas de los Ríos San Miguel y Putumayo. Por su parte en este mismo año, se suscribió el Tratado de Cooperación Amazónica Colombo-Peruano con el fin de otorgar máxima prioridad y dinamismo a una política de cooperación amazónica orientada hacia el establecimiento de las formas y mecanismos que mejor se adecuaran a las necesidades de la región en general y de cada país en particular. Posteriormente en el año 1981 se Brasil y Colombia deciden emprender una dinámica de cooperación para la realización de acciones conjuntas en materia de desarrollo regional, investigación científica y tecnológica, para lo que se elaboró el Plan Modelo Colombo-Brasileño para el Desarrollo Integrado de las Comunidades Vecinas del Eje Tabatinga -Apaporis. (OAS, 1993)

Así como estos, hay numerosos tratados binacionales[2] suscritos por los países que conforman la región Amazónica, la mayoría coinciden en la necesidad de generar estrategias y proyectos de cooperación que permitan entre otras cosas la conservación y manejo integrado de los diferentes ecosistemas, como cuencas o ríos transfronterizos, que se encuentren compartidos por dos de los países que hacen parte de esta región.

Por otro lado y con el fin de promover el desarrollo armónico de esta región, se suscribió el Tratado de Cooperación Amazónica en 1978 entre los 8 países que conforman este gran ecosistema estratégico, buscando que estos asumieran el compromiso de preservar el medio ambiente y utilizar racionalmente los recursos naturales presentes en este territorio.

Sin embargo,  al revisar los diferentes problemas y conflictos ambientales que aquejan hoy en día a  la Amazonia Colombiana, entre los que vale la pena mencionar la deforestación, el tráfico ilegal de madera y fauna, el crecimiento de la frontera agrícola, la contaminación de fuentes hídricas por mercurio, nace la pregunta ¿ y si no se han podido conservar 476.000km2, correspondientes a la porción colombiana que compone la Región Amazónica, será posible hacerlo con 7,4 millones de km2 en jurisdicción de 8 países?

Si solo en Colombia es más que evidente la ausencia de Estado en esta parte del territorio, en donde predominan figuras de ordenamiento como resguardos indígenas, parques nacionales naturales y zonas de reserva forestal, en donde un solo un instituto de investigación sin el capital necesario “el SINCHI” debe de proveer la información científica para la toma de decisiones técnicas y políticas, en donde las Corporaciones Ambientales de la Región hacen un trabajo solitario y poco agradecido, y en donde las comunidades no son tenidas en cuenta para la toma de decisiones, resulta casi imposible creer que los tratados existentes con los países vecinos si se estén implementando y se estén cumpliendo los diferentes objetivos para los que fueron suscritos.

Hay que repensar la Amazonia Colombiana, resulta fundamental una política de Estado tendiente a la conservación de este inmenso lugar, considerado como tal no solo por su gran extensión, si no por la enorme variedad de servicios ecosistémicos que presta a la humanidad, la biodiversidad de fauna y flora que ostenta, la belleza de sus paisajes y la importancia de conservas sus bosques, en esta lucha incansable por combatir los efectos del cambio climático.

Los estudios y diagnósticos técnicos son infinitos, los científicos han contribuido con todo lo que ha estado a su alcance para dar a conocer la importancia de conservar este ecosistema, así como la idoneidad de las estrategias de protección y manejo articulado, entre otros aspectos. Sin embargo, los tratados de cooperación no han dado los frutos esperados y la voluntad política no ha sido lo suficientemente fuerte para alcanzar los objetivos propuestos.

Hay que empezar por repensar y organizar nuestra casa, para después si ponernos de acuerdo con nuestros vecinos, para proteger y conservar este “Ecosistema Transfronterizo Amazónico” del que nos tocó una pequeña porción, que debemos de salvaguardar pues es nuestro TODO.

Bibliografía

CEPAL y Patrimonio Natural. (2013). Amazonia: Posible y Sostenible. Bogota.

OAS. (1993). Programas Binacionales de Cooperación Fronteriza – Un Modelo para el Desarrollo de la Amazonía.


[1] Más de la mitad de la Amazonia está en territorio brasilero (68%); el 32% restante está contenido en otros siete países, siendo la mayor parte en Bolivia (10%), Perú (9%), Colombia (6%) y Guyana (3%). A su vez Guyana y Surinam tienen una connotación más amazónica: menor proporción de la Amazonia total, con una proporción del bioma en su territorio muy elevado. El territorio amazónico es significativo en Perú (51%), Brasil (59%), Colombia (42%) y Bolivia (66%). En Venezuela es inferior a 6%.

[2] Dentro de los múltiples tratados suscritos por países amazónicos también se pueden mencionar los siguientes: “Tratado de Amistad y Cooperación” entre Brasil y Perú(1979), el Programa de Acción Conjunta entre Bolivia y Brasil (1988).

Imagen tomada de: https://www.diariolibre.com/medioambiente/alemania-y-noruega-aportan-82-millones-para-preservar-la-amazonia-brasilena-AL8836398


*Miembro del grupo de investigación en Derecho del Medio Ambiente de la Universidad Externado de Colombia