19 de febrero de 2019

Relleno sanitario Doña Juana ¿una solución llena de problemas?

Carolina Montes Cortés*

Rellenos Sanitarios como solución costo-efectiva

Sin desconocer las múltiples problemáticas que existen en el país en torno al tema ambiental, podría afirmarse que la gestión de los residuos sólidos en Colombia es uno de los aspectos que reviste una mayor importancia debido a los preocupantes volúmenes en los que aumenta su generación. Aún son infructuosos los esfuerzos realizados para alcanzar los objetivos ambientales de aprovechamiento pues existe un bajo compromiso de la ciudadanía con la separación en la fuente a pesar del empeño que, en los últimos años, ha puesto en Gobierno para alcanzar cifras significativas en el aumento del reciclaje a nivel nacional. Ciertamente, en Colombia existe una fuerte tendencia hacia la eliminación de los residuos sólidos; la principal causa de esta situación puede ser el modelo lineal (Fabricación-uso-eliminación) que, por años, ha imperado en su gestión la cual ha estado enfocada en la prestación del servicio público de aseo, con una evidente orientación sanitaria.

Aunque se reportan avances significativos en las cantidades de residuos sólidos dispuestos de forma controlada, también es cierto que las afectaciones ambientales y sanitarias asociadas a esta actividad, persisten. En varias regiones del país subsiste la disposición incontrolada de residuos sólidos a pesar de las drásticas medidas adoptadas por las autoridades para restringir esta práctica. Recordemos que según la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios – SSPPD existen dos formas de disposición final: Adecuada e Inadecuada. Dentro de la disposición adecuada la SSPD admite los rellenos sanitarios y las celdas de contingencia. Y como disposición inadecuada considera la disposición en botaderos a cielo abierto, en cuerpos de agua, mediante enterramientos o quemas.

Si bien, los rellenos sanitarios son una tecnología idónea para la eliminación de los residuos sólidos, su construcción y operación acarrea diversos impactos ambientales que, de no ser mitigados adecuadamente, producen también múltiples afectaciones sanitarias; tal es el caso del relleno sanitario Doña Juana que afecta a las comunidades aledañas por cuenta de malos olores, proliferación de vectores e incontrolado manejo de lixiviados. En Colombia, una de las grandes dificultades que presenta la operación de los rellenos sanitarios está vinculada, entre otras, a la gran cantidad de materia orgánica presente en los residuos sólidos que, en su proceso de descomposición, genera lixiviados y biogás.

Precisamente, la gran generación de residuos orgánicos conduce a que, en Colombia, los rellenos sanitarios se constituyan en una solución costo-efectiva; solución que genera escepticismo y resistencia en la población debido a las falencias que se evidencian en su operación, en especial, cuando se trata del manejo de grandes cantidades de residuos. De hecho, el decreto 1784 de 2017 que adiciona el decreto 1077 de 2015, define a los rellenos sanitarios como soluciones técnicas de saneamiento básico que son resultado de procesos de planeación, diseño, operación y control para la disposición final adecuada de residuos sólidos.

Bien se afirma que la mejor gestión de un residuo es no generarlo; por tanto, las consabidas 3R (Reducir, Reutilizar y Reciclar) deberán priorizarse como estrategias de gestión de los residuos para que siempre, la última opción, sea su eliminación. Sin embargo, si la disposición en un relleno sanitario es el fin último para el residuo, deberán tomarse todas aquellas medidas tendientes a reducir los impactos que esta decisión genera.

Doña Juana y la problemática sanitaria y ambiental que parece no tener fin

Las controversias alrededor del relleno sanitario Doña Juana parecen no acabar. Finalizando el año 2018 un Tribunal de Arbitramento zanjó la controversia surgida entre operador del relleno (Centro de Gerenciamiento de Residuos – CGR) y la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos – UAESP, ordenando al primero realizar adecuaciones para minimizar los impactos ambientales y sanitarios generados. Como si fuera poco, a finales del pasado mes de enero, el Alcalde Mayor volvió a encender la discusión con el anuncio de extender su vida útil por 37 años más.

Y no es para menos que se prendan todas las alarmas; durante sus 30 años de funcionamiento han sido múltiples las denuncias que la comunidad ha presentado por las fallas en la operación de Doña Juana. Basta recordar la tragedia de 1997 para dimensionar las afectaciones que se pueden llegar a generar y la latencia del riesgo que su funcionamiento supone para las comunidades aledañas. Ya lo señaló el Tribunal de Arbitramento, se bebe trabajar en (1) optimizar la planta de tratamiento de los lixiviados con el fin de cumplir la norma de vertimientos; (2) automatizar el manejo del relleno a partir de la instalación de instrumentos de geotecnia que permitan adelantar un seguimiento en tiempo real; (3) mejorar el manejo de los taludes y; (4) reparar y mantener en buen estado la capa asfáltica de la vía principal que cubre el recorrido de la puerta de acceso hasta la zona VIII del relleno.

Estas son las acciones que deberá adelantar el operador de Doña Juana para dar cumplimiento a lo ordenado por el Tribunal de Arbitramento; acciones que requieren obras y altas inversiones por lo que, en el corto plazo, no se vislumbra una solución para los vecinos del sector pues son miles de toneladas de ‘basuras’ las que siguen llegando, potenciando el problema.

Doña Juana requiere una intervención que suponga mejoras contundentes en su operación no solo por el bien de la comunidad que, en el día a día, padece su cercanía a las toneladas de residuos sólidos dispuestos en este relleno, la ciudad en general y la región reclaman acciones urgentes para minimizar los impactos que, por años, han debido soportar a causa de esta incomoda (pero necesaria) infraestructura construida para la disposición final de los residuos en el Distrito Capital. Ahora bien, los altos volúmenes de residuos generados en la expansiva Capital del país y las políticas de regionalización pusieron a prueba la capacidad del relleno y dejaron en evidencia las deficiencias en la planificación regional y en la operación de la infraestructura de disposición final. Fallaron los cálculos y las consecuencias no se hicieron esperar. Sin embargo, no todo es atribuible a las faltas en la planificación, en países como el nuestro aún se deben realizar mayores inversiones en la tecnificación de los sistemas de tratamiento y eliminación de residuos sólidos.

Y es que los problemas ambientales y de salud pública asociados al manejo de los residuos sólidos en Colombia parece ser una historia que no llega a su fin. En la actualidad, tanto la disposición final incontrolada, como la disposición final controlada de residuos sólidos están generando múltiples afectaciones en la comunidad y en los recursos naturales. Si bien, las medidas que se han tomado han logrado reducir la problemática sanitaria que las inspiró, lo cierto es que es necesario replantear las estrategias de gestión, buscando soluciones desde lo económico y lo ambiental.

Aun así, es claro que el manejo de las ‘basuras’ de una ciudad como Bogotá no es una tarea menor, los grandes volúmenes que se generan dificultan su gestión pues en el país se adolece en gran medida de una cultura de separación en la fuente sumadas a unas bajas tasas de recuperación. Además, los esfuerzos por aumentar el aprovechamiento aún no logran dar los frutos esperados para alcanzar las metas de reciclaje fiadas por el Ministerio de Ambiente desde hace más de 20 años. Es claro entonces que la problemática ambiental y sanitaria que generan los residuos sólidos no puede ser resuelta al final de la cadena porque esta situación lo único que pone de presente son las falencias existentes en las diferentes etapas previas a la eliminación del residuo. Entonces, la solución no es construir más rellenos sanitarios; es hora de empezar a pensar en nuevas alternativas de manejo para los crecientes volúmenes de residuos sólidos generados en la Capital buscando extraer de estos los materiales recuperables o generar energía y/o combustibles a partir de su tratamiento térmico, tal como sucede países de África y Europa.

*Docente-investigadora del Departamento de Derecho del Medio Ambiente


Imagen tomada de: https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/relleno-dona-juana-controlada-la-plaga-de-moscas/36849