19 de noviembre de 2025

El Reto de la Vida: Ecosistema y Cultura, una Introducción al Estudio del Medio Ambiente de Augusto Ángel Maya -énfasis en el derecho como aspecto simbólico de la cultura que ha facilitado el deterioro ambiental, pero también la solución-

El libro de Augusto Ángel Maya, “El Reto de la Vida: Ecosistema y Cultura, una Introducción al Estudio del Medio Ambiente”, plantea algo que cada vez cobra mayor vigencia: entender que el problema ambiental no es solamente ecológico o tecnológico, sino que también lo es cultural. De ahí la importancia de las ciencias naturales y las ciencias sociales para entender y buscar respuestas a este tipo de problemas. La cultura como sistema, incluido el nivel simbólico y dentro de este el derecho, ha jugado un papel importante en el deterioro ambiental, independientemente de las alternativas que puede proveer para la solución.

Por: Iván Matiz[1]

Introducción

Como lo menciona Ángel-Maya (2013), el problema medio ambiental ha estado presente desde los orígenes evolutivos, más allá de que la crisis actual, que es profunda y que se exterioriza en el cambio climático, la contaminación, la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua y, en general, en el deterioro continuo de los ecosistemas, esté especialmente relacionada con el ser humano contemporáneo. De este modo, los factores ecológicos, pero también los culturales, deben analizarse para explicar el problema y plantear las soluciones. Dentro de los factores culturales y el nivel simbólico propio del sistema cultural, el derecho ha sido fuente del deterioro ambiental pero también puede ser parte de la respuesta o solución. Particularmente, este blog puntualiza la relación derecho-deterioro ambiental que plantea el autor.

Análisis del contenido

Ángel-Maya (2013), señala que la ciencia se ha enfrentado a lo largo de la historia a serias dificultades al tratar de explicar la crisis ambiental, fundamentalmente por que ha intentado “desmenuzar” en sus distintas partes los sistemas y no de verlos en su conjunto como un todo. En su opinión, la ciencia no ha logrado “entender” o consolidar una teoría del todo satisfactoria, para explicar la presencia del ser humano en el sistema de la naturaleza y, sobre todo, para el entendimiento de sistemas complejos.

La ecología, como el estudio de las leyes de orden natural de los ecosistemas y, el medio ambiente, como espectro de análisis interdisciplinar que vincula las relaciones entre lo social y los ecosistemas, permiten diferenciar entre dos aspectos: (1) los cambios estrictamente naturales y (2) los que son introducidos o derivados de la acción humana. En mayor medida, el problema ambiental está relacionado con las modificaciones derivadas de la acción humana. Ejemplos de lo anterior son: (1) la modificación de flujos energéticos, (2) la fractura de los ciclos “bio-geo-químicos” y (3) la desarticulación de las cadenas tróficas (Ángel-Maya, 2013).

La cultura, como evolución de la naturaleza y la plataforma instrumental como su base, han permitido al ser humano evolucionar hacia una progresión de perfeccionamiento en lo técnico, lo social y lo simbólico. La cultura incluye herramientas técnicas, conocimientos, componentes adquiridos, así como formas de organización en lo social, además de las manifestaciones simbólicas. Estas últimas, que abarcan el derecho, se articulan y se implican mutuamente con la población y su crecimiento, los paradigmas tecnológicos y la organización social (Ángel-Maya, 2013).

Existe diversidad de formas para entender cómo desde la cultura se percibe la relación del ser humano con la naturaleza. Una de estas formas es el derecho, con antecedentes como el Derecho Romano, que han marcado la historia y hacen parte de un esfuerzo por ubicar al ser humano dentro del sistema natural. El principio del Derecho Romano de “ius utendi et abutendi”, es decir, de no solo usar, sino del atributo que faculta abusar del inmueble y, por ende, del medio “natural”, se asocia con uno de tantos factores que tienen que ver con el deterioro ambiental en el mundo, inclusive en el contemporáneo por su vigencia en muchas legislaciones y prácticas. De ahí, como lo plantea Ángel-Maya (2013), que se venga evolucionando ideológicamente, mediante el establecimiento de límites al derecho de propiedad y, por esa vía, introducir límites favorables al medio ambiente.

Reflexión crítica

El ser humano, que como lo dice el autor en otro apartado de su obra, no ocupa un nicho ecológico específico, pero cuya adaptación conlleva el manejo y el control de gran parte de los ecosistemas, tiene enormes responsabilidades para asegurar-mantener el equilibrio del ecosistema más grande que es el planeta. Al final, la solución no se trata de conservar la naturaleza, sino saberla modificar (Ángel-Maya, 2013).

Sin desconocer que los órdenes ecosistémicos y culturales son diferentes, pero ambos naturales como lo asegura el autor, las apuestas para las soluciones implican una necesaria interacción positiva entre el ecosistema y la cultura. Una adecuada lectura de las acciones y los efectos provocados por el ser humano es esencial para entender la crisis ambiental y plantear medidas acordes y equivalentes a la dimensión del problema y sus causas. Estas medidas incluyen lo técnico y lo tecnológico, pero teniendo en cuenta lo social y simbólico.

El derecho, en el marco de lo simbólico, debe facilitar los cambios estructurales. La desconfiguración de atributos como los de usar y abusar del medio natural en nombre del ejercicio pleno del derecho de propiedad, alguna vez establecidos desde el Derecho Romano y reproducidos posteriormente en diferentes legislaciones, debe dar paso a límites cada vez más eficaces que se traduzcan en equilibrios manejables entre ecosistemas y seres humanos. Como lo señala Ángel-Maya (2013), “Introducir los límites ambientales al derecho de propiedad es, sin duda, una de las revoluciones ideológicas más importantes que estamos presenciando.”

Funciones como las que plantea la Constitución Política colombiana, en cuanto a la función social y ecológica de la propiedad, el derecho a un medio ambiente sano y, más recientemente el reconocimiento de derechos a ciertos bienes y servicios de la naturaleza, son sin lugar a duda un avance importante desde el derecho en relación con los límites ambientales. No se puede decir lo mismo en relación con las normas civiles, independientemente de las interpretaciones más amplias de armonización desde los postulados constitucionales. Estas normas se han quedado en buena medida en postulados como los del Derecho Romano en materia de propiedad, incluidos los atributos derivados de esta, en una época donde el abuso de la naturaleza, amparado en el ejercicio de la propiedad, debe estar proscrito, a la vez que el uso derivado de esta misma propiedad restringido.

Como lo menciona Ángel-Maya (2013), para responder a la crisis ambiental se necesita de una revolución simbólica. Esto implica un nuevo derecho, una nueva filosofía, una nueva ética y muchas otras cosas nuevas como presupuestos básicos para deconstruir y construir una nueva cultura adaptativa en favor de los ecosistemas, de la tierra como el que los engloba a todos y de la viabilidad y sostenibilidad de la vida humana. Esto, teniendo en cuenta, además, como lo dice el autor, que “tarde o temprano la cultura encuentra los límites físicos de su expansión.”, por lo que bien valdría la pena el desafío de no dilatar más las medidas estructurales.

Referencia

Ángel-Maya. (2013). El Reto de la Vida. Ecosistema y cultura, Una Introducción al Estudio del Medio Ambiente. Segunda edición.


[1] Magíster en Planeación para el Desarrollo. Especialista en Docencia e Investigación Universitaria y en Derecho Comercial y de los Negocios. Abogado. Docente Investigador de la Universidad Externado de Colombia en la Especialización y en la Maestría en Derecho de Tierras. ivan.matiz@uexternado.edu.co

Imagen: Pixabay (2019). Stone hung, Susa, Landscape image. Extraído de: https://pixabay.com/photos/stone-hung-susa-landscape-colombia-4435694/