30 de enero de 2026

Plastisfera: Huella geológica y vector biológico del Antropoceno. Implicaciones ecológicas y jurídicas para la gobernanza marina en Colombia

El concepto de Antropoceno ha sido propuesto como una nueva época geológica para describir el impacto determinante de las actividades humanas sobre el planeta. Según Crutzen y Stoermer (2000), ubican su inicio hacia finales del siglo XVIII, asociado al desarrollo industrial, y destacan el período comprendido entre 1950 y 2000 como “La Gran Aceleración”, caracterizado por un crecimiento exponencial en el uso de recursos, emisiones y residuos.

Por: Roberto E. Lastra Mier[1]

Maria Isabel Criales Hernandez[2].

Los plásticos y especialmente los microplásticos se han convertido en uno de los contaminantes más ubicuos de los océanos. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2021. P 12) señala que “existe una amenaza creciente de la basura marina y la contaminación por plásticos en todos los ecosistemas”. Estos microplásticos son colonizados por comunidades microbianas específicas, protistas, invertebrados y sus larvas (Amaral-Zettler et al., 2020), que utilizan las superficies plásticas como sustratos. Según el Instituto de Biotecnología (2022), estas estructuras son superficies de no más de 5mm ideales para el desarrollo de biofilms o de organismos que aprovechan estos nichos para su desarrollo y dispersión como es el caso de Pernna viridis, un molusco invasor que ha llegado a través de estos biofilms a costas como el Caribe Colombiano (Ruiz et al., 2025).

De acuerdo con MarViva (2024. P 8) los plásticos en su proceso de degradación liberan aditivos y contaminantes secundarios que pueden convertirse en otros tipos de contaminantes nocivos para los seres vivos como los ftalatos y bisfenoles.  Estas sustancias y los microplásticos se tiene ampliamente documentado que “los microplásticos ingresan y se acumulan en las cadenas alimenticias, creando contaminación en el agua, el suelo y el aire y liberando sustancias nocivas, afectando la salud humana y la biodiversidad marina» (Ruiz et al., 2025), de tal manera que es posible establecer un vínculo entre la problemática de esta polución con derechos fundamentales como el derecho a un ambiente sano y a la salud.

En este contexto emerge el concepto de plastisfera, término de reciente aparición con dos acepciones fundamentales: en primer lugar, como marcador geológico del Antropoceno y seguidamente como comunidad microbiana que coloniza plásticos flotantes, actuando como vector de transporte biológico transoceánico (Zettler et al., 2013; Corcoran et al., 2014). La primera acepción se relaciona con la incorporación de plásticos en los sedimentos y rocas, generando nuevos materiales; mientras que la segunda, con las implicaciones ecológicas y sanitarias derivadas de la colonización microbiana. La plastisfera por tanto, puede alterar las redes tróficas, actuar como vector de especies invasoras y transportar patógenos a través de corrientes marinas, afectando tanto ecosistemas costeros como oceánicos. Esto es particularmente relevante para Colombia, con más de 3.000 km de costa en dos océanos y ecosistemas frágiles como manglares, arrecifes y estuarios.

En ambas dimensiones se evidencia que tienen consecuencias profundas para el derecho ambiental, la conservación de la biodiversidad marina y costera, y la responsabilidad ambiental internacional, especialmente en países con costas extensas como Colombia. En efecto, el surgimiento del término, sus implicaciones ambientales y jurídicas, impactan en el surgimiento de medidas normativas que deben ser armonizadas con las ya existentes en Colombia, ya que representan un nuevo nicho de vacíos legales que deben ser abordados desde la evidencia científica y que constituyen un reto desde la perspectiva jurídica nacional.

La dimensión geológica el término plastiglomerado surge de los hallazgos de Corcoran, Moore y Jazvac (2014), quienes lo describen como un nuevo material compuesto por plástico fundido, sedimentos de playa y fragmentos de lava, que comenzó a ser reportado por estos autores como la aparición de una ‘nueva piedra’ cuya naturaleza ha estado influida por el ser humano y que tiene gran potencial para formar un horizonte marcador geológico.

En cuanto a su dimensión ambiental y ecológica, fue descrita por Zettler, Mincer y Amaral-Zettler (2013), quienes estudiaron desechos plásticos marinos en el Atlántico Norte utilizando microscopía electrónica y secuenciación de nueva generación, señalando que estas comunidades presentan diferencias notables con respecto al agua circundante, lo que implica la creación de hábitats ecológicos inéditos en la superficie de los plásticos, de tal manera que algunos miembros de estas comunidades pueden ser patógenos oportunistas e invasoras, como especies del género Vibrio”, y representar un peligro emergente para las comunidades de organismos locales. Adicionalmente estos autores subrayan que la plastisfera rivaliza con el ambiente construido al abarcar múltiples biomas en la Tierra, extendiéndose a todos los ecosistemas acuáticos y favoreciendo la dispersión de microorganismos, de tal manera que el término logra integrar simultáneamente procesos geológicos y ecológicos característicos de la era humana. (Zettler et al., 2013, p. 7142)

Desde el punto de vista jurídico y político, la respuesta internacional a este reto ha sido parcial, enfocada principalmente en la gestión de residuos plásticos más que en la plastisfera como fenómeno biológico. Instrumentos jurídicos como el Convenio de Basilea (1989/2011) viene a regular los movimientos transfronterizos de desechos peligrosos, incluyendo plásticos que pueden causar daños a la salud y al medio ambiente a través de la regulación de los mismos en el transporte marítimo (Secretaría del Convenio de Basilea, 2011, p. 2). Sin embargo, no es un instrumento específico para el monitoreo de microplásticos ni para regular el transporte biológico asociado a plásticos flotantes, lo que constituye un vacío legal significativo, dada la magnitud del fenómeno. Por su parte, el Convenio de Cartagena (1983) establece obligaciones para “prevenir, reducir y controlar la contaminación procedente de fuentes terrestres” (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente [PNUMA], 1983, p. 4), directamente relevante porque gran parte de los plásticos que terminan en el mar provienen de actividades terrestres.

El Acuerdo de Escazú, recientemente ratificado por Colombia, viene a fortalecer el acceso a la información, participación y justicia ambiental, de tal manera que estos acuerdos se constituyen en herramientas en para que comunidades costeras afectadas puedan exigir información sobre el particular y exigir por parte del Estado la adopción de medidas específicas que los puedan afectar y finalmente, el Acuerdo BBNJ (Naciones Unidas, 2024) firmado mas no ratificado por Colombia, y recientemente entrado en vigor, incorpora mecanismos de evaluación de impactos acumulativos y ambientales estratégicas aplicables a amenazas difusas como la contaminación plástica por impactos acumulativos, lo que ofrece un marco novedoso para abordar la dispersión transoceánica de organismos sobre plásticos.

En Colombia no existe aún una regulación específica sobre plastisfera. No obstante, la Ley 2232 de 2022 introduce “medidas tendientes a la reducción gradual de la producción y consumo de ciertos productos plásticos de un solo uso”, de tal manera que esta norma representa el primer esfuerzo nacional por reducir las fuentes de contaminación plástica que alimentan la plastisfera.

Como resultado de esta reflexión se entiende que las nuevas formas de microplasticos combinan procesos geológicos y biológicos que no se ajustan a las categorías normativas tradicionales. Efectivamente no es simplemente un residuo, es un material geológico y un hábitat ecológico nuevo, lo que representa un desafío a la división clásica entre regulación de contaminación y conservación de la biodiversidad y por tanto, representa un reto, ya que como fenómeno emergente plantea la necesidad de crear, armonizar, implementar políticas integrales de monitoreo, bioseguridad o evaluación ambiental específicas para este fenómeno, lo que contrasta con el reconocimiento global de su gravedad, tal como lo afirma la Asociación Española de Ecología Terrestre AEET, (2020) al señalar que la contaminación plástica es una de las principales problemáticas mundiales a nivel ambiental y sanitario al mismo nivel que el cambio climático. La plastisferas y el plastiglomerado son sin lugar a dudas un símbolo material y biológico del Antropoceno y su regulación adecuada requerirá un enfoque interdisciplinario que combine ciencia, derecho y gobernanza multinivel, especialmente en países megadiversos y marítimos como Colombia.

Bibliografía

Amaral-Zettler, L. A., Zettler, E. R., & Mincer, T. J. (2020). Ecology of the plastisphere. Nature Reviews Microbiology, 18(3), 139–151.

Asociación Española de Ecología Terrestre (AEET). (2020). Plásticos en sistemas acuáticos: Dossier Ecosistemas 29(3). AEET.

Congreso de la República de Colombia. (2022). Ley 2232 de 2022. Diario Oficial de la República de Colombia.

Corcoran, P. L., Moore, C. J., & Jazvac, K. (2014). An anthropogenic marker horizon in the future rock record. GSA Today, 24(6), 4–8.

Crutzen, P. J., & Stoermer, E. F. (2000). The “Anthropocene”. IGBP Newsletter, 41, 17–18.

Instituto de Biotecnología. (2022). Contaminación por microplásticos: impacto en la salud y ecosistemas. Biotecnología en Movimiento, 31(1).

MarViva. (2024). Contaminación por plásticos y derechos humanos: obligaciones de los Estados y elementos para un instrumento internacional. Fundación MarViva.

Naciones Unidas. (2024). Acuerdo relativo a la diversidad biológica marina de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional (BBNJ).

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). (1983). Convenio de Cartagena para la Protección y el Desarrollo del Medio Marino del Gran Caribe.

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). (2021). De la contaminación a la solución: evaluación global de la basura marina y la contaminación por plásticos.

Secretaría del Convenio de Basilea. (2011). Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos y su eliminación.

Ruiz-Jiménez, J. A., Criales-Hernández, M. I., & Sánchez-Rippe, J. D. (2025). Impacto de la contaminación por plásticos en la biodiversidad de Colombia (Reporte No. 1). Plataforma de Acción sobre los Plásticos de Colombia (NPAP).

Zettler, E. R., Mincer, T. J., & Amaral-Zettler, L. A. (2013). Life in the “Plastisphere”: Microbial communities on plastic marine debris. Environmental Science & Technology, 47(13), 7137–7146.


[1] Docente investigador. Facultad de Ciencias Jurídicas. Universidad del Atlántico. E-mail: robertolastra@uniatlantico.edu.co. UNESCO/IOC Ocean Expert Profile https://www.oceanexpert.net/expert/34168. ORCID https://orcid.org/0000-0001-6076-6452. Researchgate: https://www.researchgate.net/profile/Roberto-Lastra. MinCiencias: https://scienti.minciencias.gov.co/cvlac/EnRecursoHumano/inicio.do

[2] Profesora Asociada.-  Departamento de Biología. Universidad Nacional de Colombia Sede Bogotá. E-mail: micrialesh@unal.edu.co. ORCID https://orcid.org/0000-0001-5608-8943

Pixabay (2020). Imagen de Playa, Amanecer y Naturaleza. Extraído de: https://pixabay.com/es/photos/playa-amanecer-nubes-oceano-5264739/