8 de julio de 2025

Cambio climático y resiliencia hídrica: el rol de la GIRH

El cambio climático, desde el contexto ambiental y social, representa una amenaza creciente para el bienestar de la humanidad. Su principal causa reside en el aumento de la concentración de gases efecto invernadero (GEI) de origen antrópico, por ejemplo, la quema de combustibles fósiles y el cambio en el uso del suelo. Sus manifestaciones se observan en el continuo aumento del nivel del mar, la disminución de la criósfera y la intensificación de los fenómenos climáticos extremos.

Por: Miguel Orlando García Pacheco

Palabras clave

Cambio climático, gestión integrada de los recursos hídricos, resiliencia, adaptación

En apenas dos siglos, la acción humana ha provocado alteraciones climáticas que, de manera natural, habrían tomado millones de años[1]. De allí, que el fenómeno climático se conciba como un proceso global cíclico que acaece de manera natural, a diferencia del actual, que es de origen antropogénico y avanza a gran velocidad. El principal problema de este fenómeno es la velocidad en el aumento de la temperatura y sus efectos que superan la capacidad de los sistemas, sociales, económicos y ecológicos para adaptarse al cambio (Bárcena, Samaniego, Peres, & Alatorre, 2020a). Para mediados del siglo XXI se prevé un aumento en la temperatura en promedio entre 1°C y 2°C (Stocker, y otros, 2013), y para el año 2100 se espera un aumento en la temperatura entre 1°C y 3.7°C, con un aumento máximo de hasta 4.8°C (CEPAL, 2015).

De ahí que los impactos del cambio climático están presentes tanto a nivel internacional como local. Ningún país puede asegurar que no se haya visto impactado por los efectos climáticos. Sin embargo, su carácter lineal y heterogéneo permite que en algunas regiones estos impactos sean positivos, pero en su mayoría predomina su negatividad, que según estudios aumenta de forma exponencial, afectando de manera considerable el agua, la agricultura, la biodiversidad, el nivel del mar, los bosques, la salud y las aglomeraciones urbanas[2].

En cuanto al recurso hídrico, el cambio climático amenaza la disponibilidad de agua, al modificar los modelos de precipitación, la humedad del suelo, la escorrentía e incidir en el derretimiento de los glaciares. Los efectos sobre el recurso hídrico pueden explicarse de la siguiente manera, al presentarse un aumento en la temperatura, inevitablemente, habrá un incremento en la demanda del recurso, lo que trae consigo presiones severas sobre los ecosistemas que provén el agua. Así, el Estado debe priorizar todas aquellas acciones tendientes a conservar y proteger espacios estratégicos suministradores de agua, de esto depende “el abastecimiento poblacional, el desarrollo de múltiples actividades económicas, así como el equilibrio ecológico, y por qué no decirlo la posibilidad de alcanzar el desarrollo sostenible” (García Pachón, 2018).

Frente a este panorama, la adaptación[3] al cambio climático es tan urgente como su mitigación (Pinto, 2009). Entiéndase por adaptación al proceso mediante el cual se reduce o evita los impactos negativos a través del aumento de la resiliencia de la sociedad, específicamente de aquellos más vulnerables[4]. Los beneficios de la adaptación se pueden traducir en el bienestar de las comunidades presentes y futuras, la preservación y mantenimientos de los recursos naturales y los servicios ambientales que prestan. En materia económica estas prácticas permiten no solo la disminución de impactos negativos, sino que, reducen las brechas del desarrollo y dinamizan las economías.

Una estrategia clave de adaptación son las soluciones basadas en la naturaleza que promueven la protección, restauración y manejo sostenible de los ecosistemas. Estas medidas abordan de manera simultánea la mitigación y adaptación y fortalecen tanto el bienestar humano como la biodiversidad. Ejemplos relevantes incluyen la restauración de bosques nativos ubicados en zonas altas, que protegen a las comunidades aguas abajo de inundaciones y a la vez sirven de sumideros de carbono y albergues de fauna y flora. También, se tiene la plantación de árboles y el aumento de zonas verdes en áreas urbanas, la cual proporciona una atmosfera más fresca (Bárcena, Samaniego, Peres, y Alatorre, 2020b). Finalmente, la protección y conservación de humedales permite el almacenamiento y la liberación de agua en calidad y cantidades adecuadas, el desarrollo de actividades recreativas y turísticas, producción primaria y beneficios culturales, estéticos y espirituales (García Pacheco, 2022).

En este contexto, la GIRH se posiciona como una herramienta clave para la adaptación. Su enfoque sistémico permite alinear las decisiones sobre agua con las estrategias climáticas, promoviendo el uso racional del recurso, el equilibrio entre oferta y demanda, y la inclusión de todos los actores en la toma de decisiones. Aplicar la GIRH implica transformar la forma en que las comunidades gestionan sus fuentes hídricas, fomentando la conciencia sobre la relación entre cambio climático, agua y calidad de vida (Sadoff & Muller, 2010). Por tanto, es fundamental que los asuntos hídricos sean transversales a las políticas y estrategias climáticas, asegurando así una mayor capacidad de recuperación y adaptación frente a los riesgos actuales y futuros[5].

Bibliografía:

Bárcena, A., Samaniego, J., Peres, W., & Alatorre, J. E. (2020a). La emergencia del cambio climático en América Latina y el Caribe. ¿Seguimos esperando la catástrofe o pasamos a la acción? (Vols. N° 160 (LC/PUB.2019/23-P)). Santiago, Chile : Comisión Economica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

CEPAL. (2015). La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe: Paradojas y desafíos del desarrollo sostenible. CEPAL.

García Pacheco, M. O. (2022). La protección jurídica de los humedales urbanos de la ciudad de Tunja y su incidencia en el cambio climático. En M. García Pachón (Ed.), Lecturas sobre derecho del medio ambiente: Tomo XXII (pág. 105 a 138). Bogotá: Universidad Externado de Colombia.

López, M. (2018). Luchando por lo público, reivindicando la ciudadanía: prácticas cotidianas de acceso al agua en zonas de alto riesgo en Medellín, Colombia. En M. Correa , V. Sánchez Calderón, A. Sandoval, M. I. Valderrama, M. López, F. Castro, . . . A. Ulloa, Agua y disputas territoriales Chile – Colombia . Bogotá : Universidad Nacional de Colombia .

Pinto, M. (junio de 2009). La recepción del cambio climático en los institutos del Derecho de Aguas. Una aproximación desde el régimen mendocino. Revista de Derecho Ambiental . Buenos Aires , Argentica : Abeledo Perrot SA.

Quintana Ramírez, A. (2016). La gestión colectiva del agua y los habitus según el género. Acueductos comunitarios en Dosquebradas Colombia. ACME: An International Journal for Critical Geographies, 15(2), 346–364.

Sadoff, C., & Muller, M. (2010). La gestión del agua, la seguridad hídrica y la adaptación al cambio climático: efectos anticipados y respuestas esenciales. Global Water Partnership.

Stocker, T., Qin, D., Platlner , G.-K., Tignor, M., Allen , S., Boschung, J., . . . Midgley, P. (2013). Climate Change 2013: The Physical Science Basis Working Group I Contribution to the Fifth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Clima Change. United Kingdom and New York : Cambridge University Press.

Normatividad nacional

Ley 1931 de 2018 “Por la cual se establecen directrices para la gestión del cambio climático”. Diario Oficial n° 50.667 de 27 de julio de 2018.

Ley 2169 “Por medio de la cual se impulsa el desarrollo bajo en carbono del país mediante el establecimiento de metas y medidas mínimas en materia de carbono neutral y resiliencia climática”. Diario Oficial n° 51.896 de 22 de diciembre de 2021.

Decreto 298 de 2016 “Por el cual se establece la organización y funcionamiento del Sistema Nacional de Cambio Climático”. Diario Oficial n° 49.796 de 24 de febrero de 2016.

Jurisprudencia

CORTE CONSTITUCIONAL. Sentencia T-021 del 28 de enero de 2019, M.P. Alberto Rojas Ríos.


[1] La ciencia ha confirmado de forma inequívoca que el cambio climático actúa tiene origen humano. Sus efectos —como lluvias intensas, olas de calor y sequias— son cada vez más frecuentes y severos en todo el mundo. Desde la era preindustrial, las emisiones de GEI han elevado la temperatura global en 1.1°C, y se prevé que en los próximos 20 años supere los 1.5°C (Masson Delmotte, y otros, 2021).

[2] El cambio climático reduce la disponibilidad de agua en zonas semiáridas y glaciares, aumenta las inundaciones y afecta negativamente la agricultura, disminuyendo la producción, la calidad de los alimentos y los ingresos. También provoca pérdida de servicios ecosistémicos, eleva el riesgo de enfermedades transmitidas por vectores y contribuye al aumento de la pobreza (Galindo, Samaniego, Alatorre, Ferrer, & Reyes, 2014).

[3] En Colombia, los instrumentos jurídicos frente al cambio climático se dividen en dos categorías: de mitigación, como la Estrategia de Desarrollo Bajo en Carbono (ECDBC), el Programa de Cupos Transables de Emisiones (PNCTE) y la Ley 2169 de 2021; y de adaptación, como el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC), el Decreto 298 de 2016 que crea SISCLIMA, la Ley 1931 de 2018 sobre planes integrales sectoriales y territoriales, y la Estrategia Climática de Largo Plazo en cumplimiento del Acuerdo de París.

[4] La Corte Constitucional mediante Sentencia T-021 de 2019 se pronunció sobre como la degradación ambiental impacta a las poblaciones cuya identidad y subsistencia se encuentran estrechamente ligadas al territorio. Por ejemplo, los pueblos indígenas, afrodescendientes y comunidades campesinas se ven afectados significativamente por las afectaciones a los ecosistemas a causa de la relación cultural, espiritual y económica con sus territorios y los recursos naturales.

[5] Los autores señalan que el agua es tanto parte del problema como de la solución ante el cambio climático, por lo que urge abordar desafíos como la afectación de ríos, la recarga de acuíferos y el derretimiento de la nieve. Proponen invertir en información accesible, instituciones eficaces e infraestructura —natural y artificial— para garantizar la seguridad hídrica. Esta inversión es especialmente prioritaria en países en desarrollo, los más vulnerables frente a los impactos climáticos.

Imagen: Pixabay (2024). Imagen de Pájaro, Playa y Arena. Extraído de: https://pixabay.com/es/photos/p%C3%A1jaro-playa-arena-mar-agua-ondas-8963386/