27 de septiembre de 2018

El Caño Cristales y el futuro de los espacios naturales de especial interés en el posconflicto

Dr. iur. Claudia Gafner-Rojas*

Tras los Acuerdos de Paz, y en particular después de la entrega de armas de las FARC, diversos espacios naturales principalmente ubicados en áreas declaradas de protección ambiental, que anteriormente era impensable visitar debido al conflicto armado que en ellas imperaba, ahora quedan al “descubierto”. Algunos son objeto del denominado turismo ecológico y otras están expuestas a la explotación de recursos naturales que en ellos existen.

Uno de los lugares que actualmente más llama la atención en este sentido, por obvias razones, es el Caño Cristales considerado el río más bonito del mundo, también conocido como el “Río de los siete colores” y situado en el municipio de La Macarena (Meta), que durante décadas estuvo bajo el control de las FARC. Es lógicamente muy atractivo para el ecoturismo y al mismo tiempo es objeto de noticias preocupantes en los medios de comunicación, como las que recientemente se hacen eco, relativas a la intensa deforestación en la zona. Surgen, por tanto, muchas preguntas, ¿cuál es el futuro de estos valiosos espacios? ¿Es posible la sostenibilidad allí si se intensifica el turismo? ¿qué mecanismos de control empleará el Estado para hacer cumplir las normas de protección ambiental y de los recursos naturales?

El Caño Cristales se sitúa en uno de los cinco Distritos de Manejo Integrado de los Recursos Naturales Renovables del Parque Natural Nacional Sierra de La Macarena[1]. Esta sierra junto con la serranía de Chibiriquete conforma la extensión montañosa en territorio colombiano de la formación geológica denominada escudo guyanés, de 1.500 años de antigüedad y que discurre entre Venezuela, Brasil y Colombia. Al estar situada en el punto en el que convergen las biotas andinas, las de los llanos de la Orinoquía, las guayanesas y las de la selva amazónica, constituye uno de los sitios con mayor biodiversidad en la tierra, debido a los variados pisos climáticos, contener una de las mayores concentraciones de fauna y flora y albergar numerosas especies endémicas[2].

Disfrutar la belleza del caño es solo posible durante una excursión, necesariamente guiada, por la región, a la que se llega en avioneta, debido a que prácticamente no existe carretera para acceder por tierra. Al espacio protegido, correspondiente al Caño Cristales, que abarca 16 kilómetros cuadrados aproximadamente, pueden entrar un máximo de 350 personas por día[3], por lo cual es preciso, solicitar un permiso ante Cormacarena, que se puede gestionar a través de operadores turísticos locales. Aparte de este trámite, dichos operadores ofrecen la organización de traslados, alojamiento y guía turística. Aparte de la eficiencia, llama la atención de los guías, oriundos en su totalidad del lugar, no solo el profundo conocimiento del ecosistema sino el aprecio y respeto que tienen a su entorno.

Además del permiso de entrada, es obligatorio asistir a una instrucción de una hora que imparte un funcionario de Cormacarena en la que se informa a los visitantes acerca del significado, particularidades y fragilidad de este ecosistema; de unas reglas de comportamiento básicas y de la responsabilidad que se tiene al acceder a él.

En los diferentes trayectos que pueden realizarse dentro del Distrito del Caño Cristales es posible apreciar la velloussea macarenense, especie botánica endémica de esta región, que constituye la flor insignia de La Macarena y cuya importancia, aparte de su belleza, radica en que representa la riquísima biodiversidad de este punto geográfico. Se trata de una planta extraordinaria que produce una hermosa flor blanca parecida a la orquídea y que se reproduce rompiendo ella misma uno de sus tallos y enterrándolo en el suelo rocoso y formando tupidos bosques sobre la sierra. Destaca de ella, además, que utiliza una especie de camuflaje negro para protegerse de los numerosos incendios forestales que se generan en la sabana a causa del sol inclemente durante la época de verano.

Y ya en frente del río, se abre un majestuoso paisaje decorado por pozos, saltos y cascadas y por las formas que el agua ha ido creando en las rocas con el paso del tiempo. En el lecho del río vive la planta acuática Macarenia clavigera, otra planta endémica de la región, que con sus particulares colores, formas y tamaños es la que otorga el extravagante aspecto al río. Así, durante la época de lluvias -de junio a diciembre-, cuando el nivel del agua sube, el río se convierte en un tapiz multicolor de gran atractivo turístico. El resto del año el acceso al Distrito del Caño Cristales queda cerrado.

Recientemente, el MADS-PNN adoptó la Resolución 330/2018, “Por la cual se adopta el Plan de Manejo del Parque Nacional Natural Sierra de la Macarena”, que de acuerdo con su marco de zonificación cataloga el área del Caño Cristales como “Zona de Recreación General Exterior”, “con intención de manejo orientada a implementar acciones para consolidar el ecoturismo como un servicio ecosistémico que contribuye a la restauración y conservación del PNN” (art. 4) y cuyos usos y actividades permitidos para este tipo de zona son definidos por la norma[4]. Aclara la Resolución en el parágrafo segundo del art. 5 que “solo se podrán realizar las actividades ecoturísticas previa autorización de acuerdo con la capacidad de carga, obligaciones, horarios, restricciones y demás disposiciones que se encuentren establecidas en los instrumentos de regulación para el desarrollo de cada una de las actividades”.

De cumplirse con los requisitos legales, límites, protocolos y permisos de acceso, no parece que la mayor amenaza al ecosistema del Caño sea el turismo, sino los impactos que las potenciales actividades de explotación masiva de recursos como los que se presume que contiene, petróleo, diamantes, uranio y otros, causaría en este valioso espacio natural. En definitiva, el mayor reto en estos tesoros ambientales consiste en la promoción de la economía local mediante un turismo verdaderamente ecológico y la explotación sostenible de los recursos, de manera que beneficie a las comunidades pero que al mismo tiempo conserve y respete las riquezas naturales de las áreas protegidas.

*Miembro del grupo de investigación en Derecho del Medio Ambiente.

 


**Nota elaborada a partir de las impresiones y reflexiones de la autora tras la visita a la zona en agosto de 2018.

[1] Mediante el Decreto Ley 1989 del 1 de septiembre de 1989, el Ministerio de Agricultura declaró el Área de Manejo Especial la Macarena, dentro de la cual se incorpora el Parque Nacional Natural Sierra de la Macarena declarado mediante el artículo 1 del precitado Decreto. En todo caso, desde 1933 el área de la Sierra de la Macarena ha sido objeto de diversas declaratorias de protección: Patrimonio Natural, Reserva Natural, Monumento Nacional, tal como se relaciona en el trabajo de Sacristán, F. (2007). Construyendo Agenda 21 para el Municipio de La Macarena: Una construcción colectiva para el Desarrollo Sostenible de la Amazonia Colombiana. Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas – Sinchi. Bogotá.

[2] Lasso, C. A. y Morales-Betancour (editores), M. A. Fauna de Caño Cristales, sierra de La Macarena, Meta, Colombia. Serie Editorial Fauna Silvestre Neotropical, III. Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, Corporación para el Desarrollo Sostenible del Área de Manejo Especial La Macarena-Cormacarena. Bogotá. 2017.

[3] Mediante la Resolución N.° 300 del 4 de septiembre de 2014, Parques Nacionales Naturales de Colombia reguló la actividad ecoturística en Caño Cristales al interior del Parque Nacional Natural Sierra de la Macarena, que fue derogada por la reciente Resolución 330 de 2018 del MADS-PNN.

[4] El artículo 5 de la Resolución permite para este tipo de zona: Actividades de monitoreo e investigación, especialmente las asociadas al desarrollo de las actividades ecoturísticas, cumpliendo los protocolos y permisos establecidos en Parques Nacionales; Acciones de implementación de la Estrategia de Educación y Comunicación; Acciones inherentes a las actividades ecoturísticas desarrolladas en el escenario I (Caño Cristales) y reglamentadas dentro del Plan de Ordenamiento Ecoturístico.