23 de septiembre de 2025
¿Por qué estamos fallando en la acción climática? Una mirada institucionalista
Estamos viviendo la mayor crisis climática y ambiental de la historia y, sin embargo, nuestras sociedades parecen incapaces de responder al desafío. La explicación de esta paradoja no reside únicamente en factores económicos o tecnológicos, sino en las estructuras políticas, jurídicas y administrativas que hemos construido —y, en muchos casos, debilitado— durante los últimos cincuenta años. Estas configuraciones han limitado la capacidad de la humanidad para ejercer acción colectiva en el momento en que más lo necesitamos. En este artículo sostengo que comprender la relación entre economía, política, derecho y administración pública es clave para explicar por qué la respuesta global frente al cambio climático y la triple crisis resulta tan insuficiente.
Por: Carolina Isaza Espinosa*
Desde 1972 con la Conferencia de Naciones Unidas sobre el medio ambiente humano, y el informe Brundtland de 1987, las políticas ambientales globales se vieron influenciadas significativamente, pues los científicos detectaron cambios antropogénicos en el clima y la naturaleza, y alertaron sobre su posible gravedad, desde un enfoque sistémico que unía preocupaciones ambientales, sociales y económicas. Se destacó por primera vez la necesidad urgente de cambiar los modelos de desarrollo para proteger el medio ambiente.
En un primer momento, la comunidad internacional empezó a reaccionar para enfrentar estas amenazas. Así, en 1987 se firmó el Protocolo de Montreal sobre sustancias que agotan la capa de ozono, siendo esta acción internacional exitosa para reducir el daño. Sin embargo, lo mismo no ocurrió con la implementación de los tres Convenios de Río de 1992. Pero ni estos, ni los diversos convenios contra la polución, han tenido el efecto esperado en esas áreas.
Por el contrario, en el año 2025 superamos el límite de 1.5ºC de aumento de temperatura global con respecto al año de referencia, preindustrial. Nos encontramos ante la llamada “triple crisis” ambiental: de pérdida masiva y acelerada de biodiversidad, de cambio climático y de contaminación en aire, agua y suelos. Desde el enfoque de los límites planetarios (Rockström et al., 2009), también podemos ver el planeta en un estado crítico. De estos límites que permiten la existencia de la vida en la tierra, hemos superado 6/9. Si sobrepasamos los nueve, nuestra supervivencia como especie y la vida de las otras de tipo vegetal y animal enfrentarán condiciones críticas.
Pero la acción climática sigue siendo tímida e insuficiente, y no es porque no sepamos qué es lo que se debería hacer, no es porque haya incertidumbre. Sobre todo esto hay claridad, evidencia amplia, consenso entre la comunidad científica. Entonces, si ya sabemos cómo podríamos detener esta crisis planetaria, ¿por qué como humanidad y como comunidad internacional no hemos podido aplicar las medidas correctivas que ya conocemos?
La respuesta está en las instituciones y en las dinámicas sistémicas que estas reflejan. Podemos definir las instituciones como las reglas del juego que acotan las acciones que las personas pueden emprender en la sociedad; reglas formales e informales. Este es un argumento que ayuda a aportar una mirada política a esta discusión, que en muchos casos se ha llevado, equivocadamente, al terreno de la acción individual. Pero esta explicación oculta el funcionamiento sistémico de nuestras economías y los incentivos al comportamiento individual que están creados desde el diseño institucional.
Con la globalización de la economía, a partir de los años 1990, la mayoría de los países del mundo siguieron patrones institucionales similares. En el terreno de la política, el capitalismo globalizado ha erosionado la capacidad y la soberanía de los Estados (Krasner, 1999). Según estos, el tamaño del Estado es mejor entre más pequeño sea; diversas maneras de vaciamiento del poder estatal fueron seguidas por la mayoría de países.
Esta idea condujo a una reducción al absurdo en la que un Estado que se reduce por debajo de cierto umbral se convierte en un Estado incapaz de cumplir con sus funciones constitucionales y sociales básicas. A partir de los años 90, la idea de la Nueva Gestión Pública profundizó ese movimiento de vaciar y debilitar el Estado (Fuentes, Guemes, Isaza, 2009). Una vez los Estados están reducidos, la acción colectiva se dificulta. Las medidas que pondrían frenos a las grandes empresas se vuelven imposibles cuando las multinacionales o los grandes capitales globales tienen más capacidad de acción, de influencia, de manipulación que cualquier actor político nacional e internacional.
Incluso, cuando los Estados intentan poner límites a conductas en la producción y el consumo que saben que están afectando la salud, alimentación, derechos humanos, la naturaleza y la posibilidad de supervivencia de sus poblaciones, la deslocalización de dichas empresas imposibilita que se ejerza la soberanía, pues pueden moverse a jurisdicciones no afectadas por las normas que no les convienen (Wallace, 2022).
Esta conjunción de factores de pérdida de capacidad de los Estados y de los organismos internacionales, es decir, del sector público en su conjunto, ha intentado ser suplida con un mayor poder del sector privado y su participación en actividades que antes eran principalmente públicas. No obstante, el sector privado por sí solo y en ausencia de regulaciones estatales no tiene suficientes incentivos para cambiar su comportamiento, y tampoco tiene la capacidad de movilización colectiva y cambios de comportamiento sistémicos que tiene –o tuvo- el público. Así, nos enfrentamos a una situación en la que conocemos y vivimos las amenazas ambientales a las que nos enfrentamos, pero no tenemos herramientas de acción colectiva suficientes para resolverlas.
El enfoque de la gobernanza ha propuesto que la colaboración entre sociedad civil, Estado y mercado sería la manera de compensar por la pérdida de capacidad de los Estados (Gómez Lee, 2023). Sin embargo, los críticos señalan cómo la gobernanza con frecuencia conduce a una pérdida de coherencia en la acción colectiva, sin un “timonel” que dirija el “barco” en la dirección deseada. La solución debe estar también en la legislación y en un mejor diseño institucional que no sea minimalista, sino apropiado para los retos que enfrentamos.
Es claro que la humanidad tiene la tecnología suficiente para hacer esos cambios (Staab, 2025), para que la industria funcione con menos contaminación hacia aire, agua y tierra, usando innovación en materiales, en formas de energía más limpias, en procesos productivos, para regenerar el suelo y los ecosistemas y proteger a las especies amenazadas usando todos los avances de las ciencias naturales. Incluso, tienen las herramientas para frenar el cambio climático, de nuevo con transiciones energéticas bien diseñadas y con plazos de tiempo razonables, con mecanismos de captura de carbono probados y vigilados para evitar la corrupción y el engaño.
Pero el problema no es de tecnología, no es de voluntad, es un problema de cómo las instituciones políticas se relacionan con las instituciones económicas, cómo las administraciones públicas operan frente a los actores privados, y cómo los individuos se organizan colectivamente para cooperar en pro de un resultado común. A partir de esta premisa, se hace posible crear una agenda de investigación y de acción que pueda aportar en la “policrisis” social, política y ecológica.
Bibliografía:
Krasner, S. D. (1999). Globalization and sovereignty. In States and sovereignty in the global economy (pp. 50-68). Routledge.
Gómez Lee, M.I. (2023). Gobernanza para proveer un hogar planetario seguro para la vida humana y no humana. En: Montes, Carolina (Ed.). Lecturas sobre Derecho del Medio. Universidad Externado de Colombia, pp-23-56. https://bdigital.uexternado.edu.co/handle/001/14010
Fuentes, G., Guemes, C., Isaza, C. (2009). Modernizar y democratizar la Administración Pública. Una mirada desde la realidad latinoamericana. Revista enfoques: ciencia política y administración pública, 7(11), 55-84.
Staab, P., & Sorg, C. (2025). The rise of digital eco-technocracy: Ecological crisis, digital innovation and legitimacy in the adaptive society. European Journal of Social Theory, 0(0). https://doi.org/10.1177/13684310251334963
Rockström, J., et al. (2009). Planetary Boundaries: Exploring the Safe Operating Space for Humanity. Ecology and Society, 14(2), 32. https://doi.org/10.5751/ES-03180-140232
Wallace, C. D. (2022). The multinational enterprise and legal control: host state sovereignty in an era of economic globalization. The Hague. Martinus Nijhoff Publishers.
Imagen: Pixabay (2018). Imagen de Trabajo en equipo, Cooperación y Lluvia de ideas. Extraído de: https://pixabay.com/es/photos/trabajo-en-equipo-cooperaci%C3%B3n-3213924/
*Docente investigadora de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Correo: carolina.isaza@uexternado.edu.co